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Pocos testeos: por qué el “argentino gamba” podría complicar el control de la tercera ola de Covid

“La verdad, es muy difícil que se pueda aprovechar este momento, aun cuando los números son muy buenos. Si la gente incumple quedarse aislada, ¿cómo se puede esperar honestidad al señalar los contactos estrechos cuando sabés que exponés a otros al aislamiento? En Oriente no lo toman como buchoneada, pero nosotros tenemos otra cultura”. En estos días, Jorge Aliaga, referente de la matemática del Covid, está mirando algo más que las cifras.

Clarín contactó al físico –ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y director de Planeamiento de la Universidad Nacional de Hurlingham– para analizar lo que a las claras es una oportunidad: poner en marcha (en serio) la artillería de contención y vigilancia de contagios, a fin de aprovechar el “valle” de casos que transita la Argentina para evitar otra gran ola. Sea o no por la variante Delta.

La idea de una “oportunidad” la sugirió hace unos días Belén Bouzas, jefa de la División de Análisis Clínicos del Hospital Muñiz, en diálogo con este medio: “¿Por qué no funcionó en 2020 la estrategia de rastrear, testear y aislar? Básicamente porque cuando se intentó ya estaba todo explotado (de contagios)”.

El necesario (pero incómodo) hisopado nasofaríngeo para detección de coronavirus. Foto EFE

El escenario, hoy, es otro. De hecho, “la hospitalización por Covid es muy distinta en este momento, en comparación al año pasado”, matizó.

Lo es: en las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) del país hay menos de 2.400 internados por coronavirus. No es un número despreciable, pero hay que viajar a septiembre de 2020 (previo al pico máximo de la primera ola) para encontrar un panorama de internaciones similar.

Y hay otro par de indicadores que justifican, a 19 meses de pandemia, el llamado general a concentrarse en estrategias logradas de previsión. Veamos cuáles son.

Encrucijada

Aunque en la calle se respire un aire de alivio, no hay que olvidar (señala el siempre punzante ranking de 220 países que elabora Worldometers) que Argentina está en el puesto 100 por su número de tests por millón de habitantes y en el 41 por casos activos de Covid (mejoró su posición 20 puestos esta semana por la corrección del algoritmo que hizo el Ministerio de Salud).

Además, está entre los que tienen más infectados (puesto 21°) y más muertos (puesto 11°), ambas variables por millón de habitantes. La amnesia de los más de 112.000 fallecidos no debería ganarle la cabeza de nadie.

Trabajadores funerarios trasladan el féretro de una persona muerta por Covid-19, en un cementerio de Luján, provincia de Buenos Aires. Fuente EFE

Sin embargo, hay una luz de optimismo en dos indicadores importantes. El primero es el número de casos diarios.

Cada día se registra un promedio de 4.400 nuevos contagios. No es poco, pero el país no tenía cifras tan bajas desde el 23 de julio de 2020 cuando, además, subíamos la primera ola, mientras que ahora bajamos de la segunda (o tercera, si se cuenta la de diciembre-enero).

El otro indicador fundamental le da sentido al primero: la positividad, es decir, cuántos casos de Covid se encuentran en el total de hisopados hechos en un día.

Mientras en octubre de 2020 numerosos expertos advertían que había un astronómico subregistro de contagios, ahora las cosas tienen otro color.

Entonces, se calculaba que había entre 6 y 8 (y hay quienes decían 10) contagiados “invisibles” por cada “positivo”, lo que resultaba en una positividad altísima, superior al 40%. Ahora ronda el 8,5%, por encima de Chile y Uruguay, pero dentro de los márgenes recomendados por la OMS, algo que no se logró (por mucho que se advirtió) en toda la pandemia.

Para encontrar una positividad semejante hay que remontarse a mayo de 2020, cuando el promedio de casos diarios era absurdo en comparación al actual: solo 130 casos cada jornada. 

Oferta y demanda

Aliaga, que no emite opinión sin antes mirar todas las variables, observó que “no es que se esté haciendo un real rastreo de casos sino que, al haber mayor actividad y apertura, circulan otros virus que el año pasado no tuvimos y, por lo tanto, hay mucha más demanda de tests”.

El mundo escolar porteño es un buen ejemplo: “Los tests de las últimas dos semanas a menores de 17 años son el triple que los registrados hace dos meses. Eso se da en paralelo con una baja muy fuerte de la positividad, lo que abona la idea de que hay otras enfermedades circulando fuerte”.

Elsa Baumeister, jefa del servicio de Virosis Respiratorias del Instituto ANLIS-Malbrán, sumó su mirada sobre la oportunidad que se nos abre al tener pocos positivos: “Hay que sostener la comunicación sobre la importancia de la prevención. No tiene sentido prevenir solamente cuando tenemos miedo porque hay muchos casos”.

Una enfermera prepara una dosis de la vacuna contra el coronavirus en Buenos Aires. Foto EFE

“Nos tenemos que cuidar y esto se hace usando el barbijo correctamente, evitando los lugares con muchas personas y ventilando los ambientes. Tenemos que evitar infectarnos. Las vacunas son una herramienta, pero no son perfectas”, recordó.

¿Qué podría pasar en las próximas semanas? Según la experta, “es difícil hacer previsiones, pero Delta va a circular y va producir una ola. La magnitud, esperamos que no sea muy elevada. Es de pensar que podría haber circulación y una circulación importante”.

Aliaga dijo que “la clave en este momento sería no solo testear sino rastrear mejor, pero es muy difícil con la lógica de acá. La verdad, si no vamos a rastrear, lo razonable sería usar esa plata para poner medidores de dióxido de carbono y controlar la ventilación adecuada en aulas y otros espacios compartidos”.

La intención es evitar la preocupante foto que exhiben países con Covid en alza como Israel, lo que Aliaga definió  con una frase elocuente: las consecuencias no deseadas de la vacunación.

“Es eso de ‘Bueno, ya está. Nos sacamos el barbijo. No hace falta cuidarse más'”, resumió, y concluyó: “Argentina tiene al 26% de la población sin vacunar, todos los menores de 18 años. Es un montón. Si lograses darle dos dosis a todos los mayores de 18, igual te faltaría un cuarto de la población. Con una variante más contagiosa en el horizonte, descuidarse justo ahora es hacerle el juego al virus”.

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