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El Boca-River del Covid tuvo épica, pero dejó contradicciones que no tienen explicación

¿Por qué un Boca-River es un Boca-River?, ¿Por qué es un clásico inigualable? Por estas cosas. Chauvinismos descartados, cada versión tiene una historia única e irrepetible. Goleadas, peleas, desgracias como la de la Puerta 12, estupideces como el gas pimienta, vueltas olímpicas a medio camino, pelotas naranjas, “gallinitas” como la de Tevez, el robo de la gorra a Amadeo, el penal de Roma a Delem. Y cuando uno menos lo piensa, aparece esto, un Superclásico en medio de una pandemia de espanto y horrores diarios que también llega a la pelota.

“El Superclásico del coronavirus” será inolvidable. Nos recordará algo más que el 1-1 de los noventa minutos y el 4-2 para Boca en la definición por penales. Nos recordará un tiempo de desolación y muerte. También de héroes anónimos y de esperanza renovadas.

Cuando el país supera los 3,3 millones de contagiados del Covid-19, es el cuarto con más casos en el mundo después de Brasil, India y Estados Unidos y 270 muertos en el día, la población detiene sus corazones para sentarse frente a la pantalla a ver fútbol. Suena absurdo. No lo es si entiende lo que es el fútbol para los argentinos de a pie. Y lo que ve es que uno de los dos rivales tiene 15 casos en las horas previas y debe presentar un equipo de emergencia. Y ve que el otro equipo no encuentra la manera de superarlo hasta que tiene más puntería desde doce pasos.

Argentina, atrasada en todo, asiste al Boca-River desde el encierro de las casas cuando en algunos lugares de España y del Reino Unido el público está volviendo a los estadios y la mayoría de esas poblaciones están vacunadas.

Los neutrales han tenido cierta empatía con River por la “desgracia” (que lo es) del contagio masivo. Pero todavía no se explicó cómo o por qué 15 futbolistas contrajeron el virus. ¿Fallaron los cuidados internos?, ¿el viaje a Colombia los infectó?, ¿algún jugador no respetó distancias en su vida familiar, se contagió y transportó el bicho al vestuario? Debería explicarse.

Más sencillo es explicar por qué se jugó el partido. Si la Conmebol obliga, casi al borde de la amenaza de una sanción a quien se niegue a jugar la Libertadores y la Sudamericana, la AFA obediente está en sintonía y jamás evaluó la posibilidad de una postergación. No puede decirse que se trate de una sorpresa o una injusticia para River. Otros planteles (Sarmiento, Banfield, Gimnasia, Central) también tuvieron casos numerosos y al mismo tiempo e igual jugaron sus partidos por la Copa de la Liga. Hace un tiempo también hubo contagios numerosos en Boca. Y ayer mismo el arquero Esteban Andrada se quedó afuera.

Así, Gallardo recurrió a los pibes disponibles y le añadió a los veteranos Ponzio-Enzo Pérez. La juventud de Almendra, Varela, Medina desató la “guerra del cerdo” en la zona media, con batallas chiquitas, ganadas por unos y otros, sin mayor destaque y mucho roce.

Los especialistas han dicho que es improbable el contagio durante los partidos. Pero los traslados y las concentraciones, si no se respetan los protocolos, son vectores. Puede vincularse a la eterna discusión sobre las clases presenciales que divide las opiniones en otra grieta interminable. Si en las aulas las burbujas son eficientes, es difícil la transmisión del virus. El asunto es que cada alumno de cada escuela se traslada, viaja, ambula y ahí no hay tantas seguridades.

El fútbol, al fin y al cabo, terminó siendo la burbuja pinchada de las burbujas. Y Boca y River regalaron 90 minutos de juego sin brillo pero de alta tensión emotiva. Poco se acordaron de la pandemia quienes en las horas previas, los famosos “allegados” colgaron las banderas de Boca en la Bombonera. Menos se acordaron Gallardo y Russo que vivieron todo el partido con el barbijo en el bolsillo.

¿Qué virus le atacó a Cardona para patear como pateó el penal?, ¿Qué enfermedad súbita atacó los ojos de Tello para no ver la falta de Tevez a Maidana en el gol de Boca o no advertir la falta de expulsión directa de Maidana? Preguntas sin respuestas.

No hay Superclásico sin épica. La puso River y en especial un chico de 21 años que el jueves pensaba ver el partido por la tele desde su casa de Lanús y terminó siendo la figura. Alan Leonardo Díaz no olvidará el domingo en el que tapó dos goles hechos a Tevez y le atajó el penal-masita a Cardona.

¿Cuántos internados habrá en el país?, ¿cuántos están en aislamiento domiciliario?, ¿cuántos, felizmente, recuperándose? No hay mejor voz de aliento, lejana y fraternal, que desear que hayan podido ver el Superclásico del coronavirus. Y que lo puedan contar.

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