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El morenismo ocurre dos veces, como tragedia y luego como farsa

En 2020 se registró una desaceleración pronunciada de la inflación producto, básicamente, de la pandemia. La recesión provocó que las empresas no pudieran trasladar el aumento de costos a sus productos, mientras por otro lado se desplomaban sus ventas. Así, los márgenes de ganancia fueron más bajos y afrontaron lo que la mayoría de los argentinos sufriera en carne propia: perder o, en el mejor de los casos, ganar menos y así pasar el año.

Ahora la historia es otra. La economía recupera terreno y según datos del Ministerio de Producción, el PBI ya estaría cerca de 3% del nivel previo a la pandemia. Con este rebote las empresas (las que sobrevivieron), buscan recuperar sus márgenes de ganancia. Por lo tanto la inflación ya no puede seguir en los rangos de 1%-1,5% como había registrado el año pasado y consiguientemente empieza a situarse arriba de 3,5 por ciento mensual.

Primera lección. Aquello que muchos economistas del Gobierno celebraban como una desaceleración de la inflación en 2020, jactándose del éxito de los controles de precios y una teoría sui generis de que el aumento de la emisión monetaria no presionaba sobre los costos, hoy empieza a verse como insostenible. El monstruo de la inflación asoma.

El dólar está estable y eso juega a favor del Gobierno, ¿pero por cuánto?

Muchos productos y servicios que empresas adquieren lo hacen al tipo de cambio alternativo que son los dólares MEP ($ 143,65) o CCL ($ 151,62). Ayer Martín Guzmán no tuvo un buen día en la licitación de pesos y consiguió la mitad de pesos que buscaba para financiar el déficit fiscal este año. Necesita pedir unos $ 600.000 millones en el año y si no lo logra deberá emitir. Eso será más nafta al dólar. Van cuatro meses y consiguió el 20% de esos pesos en el mercado local. El economista Fernando Marull señaló en su último informe que la cantidad de pesos en la economía tocó un récord unos meses atrás.

El Gobierno habla de inflación importada y en verdad es un dato. En la edición de esta mañana de la revista The Economist sale un artículo acerca de este fenómeno que aumenta en el mundo. El IPC de EE.UU. de marzo (salió esta semana) fue el más alto en nueve años. Pero el kirchnerismo no dice toda la verdad. Culpa a los alimentos como responsables del costo de la mesa de los argentinos aplicando retenciones, racionando exportaciones, congelando precios y aumentando inspecciones. ¿Pero por qué hace eso con el campo y no con los textiles si allí el aumento interanual es de 71%? En una una entrevista al diario El Economista, el secretario de Industria, Ariel Schale, justificó la suba en la vestimenta diciendo que ocurre “por la devaluación y la suba del algodón, que es un commodity”. ¿Pero por qué se desacopla el aumento del campo y no el de los textiles? ¿cuál es el criterio que establece Paula Español, la secretaria de Comercio? Uno de los desafíos de la planificación y de las políticas públicas de los Estados es establecer criterios de transparencia y evidencia para tomar decisiones. El Gobierno no lo hace.

Martín Guzmán piensa que la inflación es un problema macroeconómico por más que por estas horas se muestre alineado al discurso halcón de Español (que es el de Kicillof). Estos últimos son creyentes de una mirada en la que el Estado puede bajar la tasa de inflación parándose arriba de los márgenes de ganancia de las empresas y pretendiendo que no recuperen su estadio anterior a la pandemia, ignorando leyes elementales de la economía y desafiando principios como si estuvieran en un aula. Es una visión que gana terreno porque no hay un plan de estabilización y un acuerdo con el FMI que pueda neutralizar estas creencias. Con Macri pasó algo parecido: no apostó a un programa de estabilización y se recurrió de algún modo a bajar una inflación alta con un método que para muchos estaba discutido.

Ahora el Gobierno recurre al método de Guillermo Moreno: apretar y controlar. Paula Español lo conoce. Era subsecretaria de Comercio Exterior bajo la conducción de Beatriz Paglieri. Aquello fue una tragedia. ¿Ahora toca la farsa?

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