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Nada, nadie y hielo: las respuestas a las preguntas que nos hacemos y no sabemos resolver

Aunque parezca que estas tres palabras no tienen puntos en común, coinciden en algo: cambian de comportamiento según el lugar que ocupan en la frase.

Si observamos la lista de consultas lingüísticas, hay algunas que se repiten siempre y otras, más curiosas, que aparecen rara vez. En general, este segundo tipo no presenta problemas a la hora de escribir. Son formas que salen naturalmente. Sin embargo, cuando nos detenemos a comparar, advertimos que a veces decimos algo de una manera y otras de otra sin entender bien por qué. ¿”Nada” y “nadie” van siempre acompañados del adverbio “no”?, ¿Por qué la conjunción “y” se convierte en “e” en algunos contextos y no se transforma en otros que parecen iguales?

Nadie, nada, nunca

Primero, este el título de una novela del gran escritor argentino Juan José Saer, después es un trío de palabras negativas que se comportan de manera diferente según el lugar que ocupan en la frase. Nadie y nada son pronombres indefinidos. El primero hace referencia a la ausencia de personas: no hay ninguna persona. El segundo se usa para las cosas: no hay ninguna cosa. Los dos tienen connotación negativa. Sin embargo, miren estas frases:

  • Nadie podrá defenderme.
  • No podrá defenderme nadie.
  • Nada le importa.
  • No le importa nada.

Estamos de acuerdo en que el significado es el mismo y lo único que se modifica es el orden. Entonces, ¿por qué en algunas frases aparece el adverbio “no”? Es una cuestión de ubicación y acá va la regla:

1- Las formas nada y nadie no van acompañadas del adverbio “no” cuando están delante del verbo:

  • Nadie sabe la repuesta.
  • Nada lo conformaba.

2- Van acompañadas del adverbio “no” cuando se ubican detrás del verbo:

  • La respuesta no la sabe nadie.
  • No lo conformaba nada.

Lo mismo ocurre con el adverbio negativo “nunca”. Lleva verbo en negativo cuando se ubica detrás y en afirmativo cuando el adverbio lo antecede:

  • Nunca viene.
  • No viene nunca.

Cierro con estos dos refranes que adornan el decir. Para llevar calma en situaciones de tensión, tenemos “nadie se muere en la víspera” y para los que son más ingenuos, esté para que estén atentos: “Nadie da nada a cambio de nada”.

¿Es “y” o “e”?

“Vos comprá pan y hielo”. En medio de la organización de una reunión veraniega (ahora con lista reducida de asistentes) podemos decir o escuchar esta frase. Nada nos llama la atención. Sin embargo, si nos ponemos a pensar en la regla de la enumeración, sabemos que la conjunción “y” se convierte en “e” delante del sonido /i/ (que no es lo mismo que la escritura “i”/ “hi”). No siempre es tan así. Veamos la regla y las excepciones:

La conjunción copulativa “y” toma la forma “e” delante de palabras que empiezan con el sonido /i/ ( se puede escribir i- o hi):

  • El departamento es chico e incómodo.
  • Necesito aguja e hilo.

Pero…

Cuando el sonido /i/ precede a una palabra que empieza con los diptongos ia (hia), ie (hie) o io (hio), la conjunción no varía, se mantiene la “y”. Esto se debe a que ya no se oye solo la /i/ sino el sonido de las dos vocales:

Matan a un mujer y hieren a su hijo. (no es *e hieren)

Preparó una solución de agua y iodo. (no es *e iodo)

Hay otro caso particular que también sentimos que está bien, pero no sabemos por qué. Imaginemos este diálogo:

– Alejandra y María están en la pileta.

¿Y Inés?

– Adentro.

Quizá alguna vez dudaron, pero “¿*E Inés?” les sonó raro. ¿Por qué no cambia? Porque en este caso la conjunción toma el valor del adverbio cuando se usa en pregunta. En este caso el significado sería ¿Y dónde está Inés?

¡Cuántas excepciones! Confieso que he evitado poner algunas. Cuando los extranjeros aprenden español se quejan de que la regla a veces tiene gusto a poco y que hay demasiados casos especiales. Es verdad. La ventaja de que sea nuestra lengua es que nos sale naturalmente.

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