jeff-buckley:-el-cantante-con-destino-de-estrella-de-rock-al-que-una-muerte-dudosa-convirtio-en-mito-y-misterioEspectáculos 

Jeff Buckley: el cantante con destino de estrella de rock al que una muerte dudosa convirtió en mito y misterio

Fue reconocido por Jimmy Page, Robert Plant, Bob Dylan y Paul McCartney. Murió trágicamente y dejó un cadáver exquisito. Editó un solo disco. Tenía facha. James Buckley cuenta con todos los requisitos que hay que tener para quedar al borde del mito. Por eso se viene una biopic sobre la brevedad de su vida. Y de su obra.

Subido a la montura que dejó Bohemian Rhapsody, el exitoso devenir de Queen dirigido por Brian Singer, pareciera que el género mitificante tomó impulso y agudizó el ingenio revisionista. Después llegó Rocketman, de Dexter Fletcher, basado en Elton John, y ahora será el turno de Jeff Buckley, el malogrado rockero muerto trágicamente un 29 de mayo de 1997, con apenas 30 años.

Everybody Here Wants You tendrá acceso al archivo confidencial del artista gracias a que su madre, Mary Guibert, así como el albacea de la obra de Buckley, facilitaron material aún más desconocido de una figura respetada por sus colegas pero casi ignorada por el gran público.

Se sabe que la peli de Buckley estará protagonizada por Reeve Carney (Spiderman: Turn Off the Dark).

La tapa de Grace, el único álbum de Jeff Buckley publicado en vida, que bastó para convertirlo en una referencia para el mundo del rock.

En otras latitudes, su historia fue más o menos contada como la de Tanguito por estas pampas. Hastas podríamos caer en la suave tentación de mencionar a Buckley como aquello del secreto mejor guardado. O la mentira más verdadera.

Jeff Buckley (1966–1997). Grace, de 1994, fue su único disco editado en vida. Las grabaciones encontradas llegaron más tarde y tampoco fueron tantas. Hay registros en YouTube donde se ve su atormentada escena de artista neurótico, acompañada de su voz de lord del grunge, pese a que los que saben lo emparenten más con la tradición de Van Morrison y hasta de Miles Davis. Yendo y viniendo en las comparaciones, más acá tenía algo de Alejandro De Michele, el cantante de Pastoral.

Se lo define como esa clase de artista a lo Jim Morrison que buscaba abrir las puertas percepción. Música para él era sinónimo de “orgasmo”. En algunas actitudes y comportamientos pendencieros, dicen, parecía tenerle más miedo a la vida que a la muerte.

Los que lo vieron en vivo sienten el extraño privilegio de la exclusividad: “Fui a cuatro recitales de Prince, vi a Tom Waits, Cassandra Wilson, D’Angelo, Miles Davis y muchos otros. Pero Jeff Buckley fue más que especial. No eran sus canciones y cantar solo. Nunca antes ni después había presenciado un sonido de guitarra que sonara como lluvia de diamantes“.

Tenía algo de Heath Ledger en el corte de su mandíbula y un dejo academicista irremediablemente pretencioso. Murmuraba angelicalmente delante del micrófono, no le temía al falsete. Daba muestras de haber venido de otro planeta. Las mujeres se derretían: inteligente, autocrítico, retorcido, sensual, talentoso, sexy.

Esta semana la revista Variety anunció la cinematográfica plegaria atendida al músico que murió ahogado en 1997 cuando nadaba en aguas del Río Wolf, en Tennessee.

En director Orian Williams tiene en su CV  la experiencia de Control, biopic de Ian Curtis, otro afligido que siendo la voz y el corazón partío de Joy Division, se suicidó ahorcándose en la cocina de su casa.

Una vez fallecido, Jeff Buckley pasó a ser considerado uno de los músicos de rock más prometedores de su generación. Fue hijo de Tim Buckley (1947–1975), raro cantante folk de vanguardia que quedará en la “historia” por ser el padre del esperanzador Jeff. 

El linaje musical vino con una advertencia poco bohemia: “Aunque te dediques al rock, hay que estudiar”, le aconsejaron en la sobremesa familiar. Jeff mudó sus aspiraciones a Los Angeles para tomar clases en el Musician’s Institute.​ Allí no estudió más de dos años y cuando le preguntaron qué onda el Musician’s, el joven no dudo en vomitar que sólo se trató de “una pérdida de tiempo”.​

Con amigos de la facu, formó una banda de reggae y otras agrupaciones donde él tocaba la guitarra sin que se escuchara su voz de distancia lunar. Otra mudanza. Esta vez a Nueva York, donde empezará a ser “Jeff” y el resto.

El debut solista data 1991, haciendo un homenaje a la obra de su padre en una iglesia, donde ni siquiera actuó a la gorra. “Esto no es un trampolín, esto es algo muy personal”, dijo usando pocas palabras. 

Con su guitarra al hombro se lo veía divagar por los barcitos de Greenwich Village. Un Brian Epstein cualquiera lo vio tocar y cantar y le acercó un contrato de Columbia Records para que grabara cuatro temas en un EP. Ahí estaba el germen de Grace, la canción, y de Mojo Pin.

En el caso de Grace, ¿su hit?, queda claro que Thom Yorke y Radiohead lo escucharon hasta el hartazgo. En ese tema, Buckley interpreta con un sentimiento al que no llega ni Let It Be.

La crítica especializada dijo que Grace era un álbum de rock made in noventas. “Se palpa en sus atmósferas, en el tratamiento sonoro de su núcleo instrumental, e incluso en la textura de sus arreglos de cuerda”, subrayó Muzikalia.

Durante 1995 Buckley se presentó en el Olympia de París, donde habían tocado Ástor Piazzolla y Edith Piaf. Cuando terminó su presentación no dudó en decir que ese había sido “el mejor concierto” de toda su carrera.​

Al año siguiente se sumergió en una rutina de despersonalización conforme al creciente grado de paranoia producto de la fama repentina. El Phantom Solo Tour fue un despiste en movimiento. Los carteles pegados en locales para no más de 50 personas anunciaban el show de un tal “Father Demo” y aparecía Buckley. De un tal “Jaime de Cevallos” y aparecía Buckley. De “Topless America”, ¿y quién aparecía?

Consultado por su misterioso tour, el propio Buckley declaró: “En esta situación me puedo permitir el precioso e irremplazable lujo de equivocarme, de arriesgarme, de rendirme. He trabajado muy duro para conseguir todo esto, este entorno donde trabajar. Lo amaba y ahora que lo he perdido lo extraño. Lo único que estoy haciendo es reclamarlo”.

¿Cómo murió? ¿Fue un accidente? ¿Se suicidó a lo Alfonsina?¿Estaba deprimido? ¿Era bipolar como se decía? Hay un biografía -que será vital para la biopic-, donde su autor narra lo ocurrido la noche del 29 de mayo de 1997.

Buckley fue al río donde ya había nadado. Le gustaba el agua como a cualquiera. La reconstrucción parcial indica que Jeff llevó un grabador hasta la orilla y en medio de la noche cerrada se metió con las botas puestas y caminó cantando Whole Lotta Love, de su adorado Led Zeppelin.

Cinco días tardó en aparecer el cuerpo inflado y deforme. Lo reconocieron por el piercing en su ombligo.​ Según los informes forenses, la autopsia no arrojó residuos de drogas ni de alcohol.

Everybody Here Wants You será estrenada el próximo otoño boreal.

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E.S.

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