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El crecimiento de los otros “Tinder”

Si las aplicaciones de citas ya habían llegado para quedarse, la pandemia reforzó ese escenario. Con las dificultades para conocer gente nueva por el aislamiento y los miedos al contagio de coronavirus, más personas optaron por la virtualidad para buscar pareja.

A la par de una mayor demanda, proliferaron la cantidad y variedad de apps. “Tinder”, aunque suele posicionarse como la preferida, dejó de ser la única y encontró más competencia en el mercado. Así, surgieron plataformas como “Veggly”, para formar pareja entre personas veganas o vegetarianas, y “Hoop”, un Tinder para adolescentes.

“Post aislamiento y peri pandemia hay una necesidad de encontrarse con otras personas en espacios posibles e ‘infectológicamente’ seguros. Cada vez más personas acceden a la tecnología y confían en ella para conocer otras personas, y con el aumento cuantitativo aparece la diversidad de condiciones que ponen para matchear. Y pareciera ser en modo eficaz”, explica a NOTICIAS Carolina Meloni, psicóloga, sexóloga y educadora sexual.

La segmentación es cada vez mayor. Las apps de citas empezaron a dividirse según su público: hay para mayores de 50, para personas de la comunidad LGBTQI+, para gamers, para hacer tríos. Meloni agrega: “Parece que cada vez más las personas necesitamos identificarnos con algo y separarnos del resto. Es la especialización para el consumo de vínculos. Más consumo, pero más específico”.

Caso Hoop

La viralización de la app “Hoop”, pensada para preadolescentes y adolescentes de entre 12 y 17 años, plantea encrucijadas en cuanto a la seguridad.

Como los menores de edad participan de las redes más allá de si están restringidas para ellos -porque pueden falsear su fecha de nacimiento-, podría pensarse como un espacio propicio para que interactúen. Pero a la vez, con el crecimiento de casos de grooming y ciberacoso, habilita que adultos abusadores accedan sus perfiles mintiendo con la edad y se vuelva un peligro.

En ese sentido, Meloni analiza: “Lo beneficioso de la app podría ser la revisión del contenido que circula. Pareciera ser un espacio seguro ya que está destinado para ellos, pero al ser tan específico, y en general recolectar información sensible, suele ser ideal para ser utilizado por depredadores sexuales y pedófilos”.

Frente a este panorama, propone dar herramientas y acompañamiento desde la infancia para que los y las adolescentes tengan prácticas seguras en la red y puedan reconocer situaciones de abuso. “No creo que haya espacios online libres de abusadores, y no por eso deberíamos restringir su uso. La clave es la comunicación y la educación sexual integral en todos los ámbitos”, concluye la especialista.

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