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Boca no está bien y el problema quizá no esté adentro de la cancha

1. Mientras Marcelo Gallardo trata de rearmar a River tras la salida de Quintero, de Pratto y de Nacho Fernández (por decir los últimos) y apuesta a refuerzos sin nombres rutilantes, del fútbol local, como Vigo, Paradela, Palavecino y algunos juveniles, con la calma que le da su estructura sostenida por muchos años, en Boca -paradójicamente- doble campeón de las últimas dos Copas nacionales jugadas y semifinalista, vencido, en la Copa Libertadores (igual que River) la situación parece ser muy diferente. Se percibe un ambiente de desconcierto, de desencuentros internos, de cierto malestar exterior que se traslada al campo de juego.

Y da la sensación de que el técnico Miguel Russo está sometido a presiones que dificultan sus libertades para las formaciones del equipo. Boca había ganado la Copa Diego Maradona, en la vuelta del fútbol, con una racha final de siete partidos que consiguió doblegar a River (parecía el candidato firme al título, con cuatro puntos de ventaja) en un arranque triunfal del entrenador.

En aquel equipo jugaba Pol Fernández. Y se afirmaba en la seguridad defensiva que exhibían Andrada, en el arco, Lisandro López e Izquierdoz, más la gran levantada de Tevez y de Villa. Parecía que la presencia de Román Riquelme en su rol de dirigente y conductor del fútbol, seguía el impulso de su brillantísima carrera de jugador. Pero la nominación de un Consejo de Fútbol -integrado por Jorge Bermúdez, Marcelo Delgado y Raúl Cascini- para trabajar en los temas administrativos con los futbolistas, desembocó en el primer conflicto. Pol Fernández (quien estaba a préstamo del Cruz Azul mexicano) de buenos rendimientos, no llegó a un acuerdo económico para la renovación de su contrato que vencía el 31 de diciembre.Fue a finales de octubre. Boca emitió un comunicado en el que aclaraba que no “sería más jugador del club” después de esa fecha.

La solución estaba en el banco. Licha López, de cabeza, le dio el empate a Boca.

Pero lo curioso fue que -aun con el convenio en vigencia- no integró el equipo en los últimos dos meses. Eso, lógicamente, despertó enojo en sus compañeros. Que no lo hicieron trascender. Luego por un desacuerdo con Julio Buffarini, quién tiene contrato hasta el 30 de junio, otro “comunicado” aclaró que “dejaría el club en esa fecha” cuando todavía quedaban seis meses para negociar. Semejante rigidez aumentó el descontento de gran parte del plantel. Además, como tampoco se arreglaría la continuación de Leonardo Jara (supuesto reemplazante de Buffarini) no figuró más en su lugar. El DT improvisó con Nicolás Capaldo -habitual mediocampista- en esa posición. Pero el déficit en el equipo que no encuentra una línea de juego no logra solucionarse con variantes.

2. Boca contrató sólo dos refuerzos en los últimos tiempos: el peruano Carlos Zambrano y Marcos Rojo. Justamente en las posiciones que menos los necesitaba. El juvenil Gastón Avila, contratado como apuesta, fue cedido -nuevamente- a Rosario Central. Postergado Wanchope Abila por sus lesiones (fue operado) y porque no cuenta con apoyo del Consejo, Russo se vio obligado a improvisar en el puesto de delantero central, ya que no tiene un “9” característico de área. No lo es Soldano, quien jugó mucho pero para “liberar” a Tevez. Ya no lo son el propio Tevez ni Mauro Zárate, quienes se alternaron últimamente. La aparición de juveniles (una buena opción) fue despareja. Había entrado Alan Varela (19 años), con buenas perspectivas en la media cancha y antes de que se afirmara fue reemplazado por Cristian Medina (18). Exequiel Zeballos (18) un puntero de muy buen rendimiento en selecciones juveniles, apenas tuvo unos minutos en el campo. Justamente, en el último -y flojo- partido con Sarmiento, tras la lesión de Salvio, parecía más oportuno su ingreso que el del zurdo Obando (al cabo, terminó excluido al final) que rompió el trinomio de los colombianos Fabra-Cardona-Villa que había propuesto algo interesante en los primeros minutos, antes de las lesiones de Salvio e Izquierdoz. Villa pasó a la derecha y allí no rinde tanto como en el otro sector. Y, al cabo, Boca (perdía con el ascendido Sarmiento en la Bombonera) llegó al empate con un cabezazo de Lisandro López -ya lleva 8 en el club- quién estaba en el banco de suplentes. Como si se tratara de otra paradoja.

3. Boca, el último campeón, no está bien. Se ve en la cancha. Pero quizás el nudo principal esté en otra parte.

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