en-netflix,-ginny-y-georgia,-muchos-temas,-a-mitad-de-caminoEspectáculos 

En Netflix, Ginny y Georgia, muchos temas, a mitad de camino

“Mi madre me tuvo cuando tenía mi edad: 15 años. Así que tuve la charla de sexo cuando tenía siete. No hay casi nada típico en ella”, dice la voz en off de Ginny, mientras la adolescente mira impávida a cámara y sus compañeros de colegio la molestan en el aula.

La chica madura y su madre bella e inmadura forman la dupla que le da vida a Ginny y Georgia, la serie producida por Netflix, que en estos días figura entre las diez más vistas de la Argentina.

Con diez episodios de casi una hora de duración, la comedia dramática gira en torno a la nueva vida de esta familia, compuesta por una madre, su hija adolescente y un pequeño retoño en edad de escuela primaria, gran admirador de Harry Potter.

Ginny es la hija adolescente negra, y Georgia, la mamá blanca. FOTO: NETFLIX

Se mudaron de Texas a la rica y sofisticada ciudad de Wellsbury (Massachusetts). Georgia repite siempre el mismo esquema: conoce a alguien, se muda de ciudad, rompe con ese novio y sobreviene una nueva mudanza. Así en un loop constante, con sus hijos a cuestas que ya están un poco cansados. “Nos mudamos mucho, así que siempre soy la nueva”, le dice Ginny a un compañero de escuela.

Lo que en apariencia es una comedia dramática sobre el nuevo inicio de una familia gana en complejidad y densidad con algunos flashbacks de la dura historia de la madre. Con ese recurso, los realizadores intentan hablar de muchísimos temas: la salud mental, las luchas interraciales –Ginny es negra y su mamá blanca-, la violencia de género, el abuso sexual, el embarazado adolescente… La lista podría ocupar varias líneas más de esta nota.

El problema con “Ginny y Georgia” es que el guion ofrece muchos baches. FOTO: NETFLIX

En los primeros episodios, el interés se mantiene a flote. Las actrices Brianne Howey y Antonia Gentry le dan verdad a sus papeles de madre e hija; tienen buena química, complicidad y momentos risibles en los diálogos. Pero con el correr de los minutos -en total son casi diez horas de serie-, la trama y sus múltiples subtramas van perdiendo interés, incluso cuando se vuelven turbias. Se torna repetitiva en una temática que vimos mil veces en series y películas: los nuevos comienzos en una ciudad y el coming-of-age de una chica en un secundario al que acaba de llegar. Quizá Gilmore Girls es el ejemplo más obvio con esta temática.

Brianne Howey -Reagan en la serie “Batwoman” es Georgia, que se muda una y otra vez. FOTO: NETFLIX

Otro desacierto de la serie son los baches en el guion. Abre tantas historias que, finalmente, no termina dedicándole el tiempo de pantalla que cada una se merece. Incluso, sucede algo más grave desde el punto de la vista de la narración y la construcción de los personajes. Estos se ven envueltos en hechos delictivos y no hay ningún castigo ni sucede nada con ellos, incluso con quienes dan grandes lecciones morales sobre la vida con voz en off.

Detrás de la hermosa fachada de una ciudad rica, suelen convivir historias de dolor soterrado. Ginny y Georgia intenta hincarle el diente a esos temas, pero se queda a medio camino. Por momentos, peca de ambiciosa y cae en la confusión. Quiere hablar de todo y termina dejando un repetitivo sabor a nada.

Ginny y Georgia

Regular

Comedia dramática. EE.UU., 2021. SAM 16. Creador: Sarah Lampert. Con: Brianne Howey, Antonia Gentry y Diesel La Torraca. Duración: diez episodios de una hora. Disponible en: Netflix.

POS

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Articulos relacionados