Martín Fierro 2019: por qué Sebastián Ortega ganó su tercer oro consecutivoEspectáculos 

Martín Fierro 2019: por qué Sebastián Ortega ganó su tercer oro consecutivo

Si hacer las cosas bien sigue teniendo premio -duda que planteo en medio de ciertas confusiones coyunturales-, lo de 100 días para enamorarse no debería sorprender. Sí, ganó el Martín Fierro de oro, por supuesto. Fue, lejos, el mejor programa de 2018 y una de las comedias románticas -condimentada con dosis de otros registros cuando el relato lo requería- a la que la TV debe agradecerle mucho. Mucha gente echó mano al querido ritual de sentarse a determinada hora frente al televisor para no perderse el capítulo del día. Remó contra la corriente del streaming y el sistema On demand y ganó. Claro, contaba con el viento a favor de cuando las cosas se hacen bien.

Un hombre de televisión. Hijo de Palito Ortega y Evangelina Salazar, Sebastián se perfeccionó como productor de TV. tiene en gateras “Volver a empezar”, tira romántica para el 2020, posiblmente con Carla Peterson y juan Minujín.

Y para que las cosas se hagan bien siempre hace falta, al menos, una buena cabeza. Y, en ese sentido, Sebastián Ortega es una usina creativa, un tipo que no sólo tiene buenas ideas, sino que sabe dibujarles un recorrido para que lleguen sanitas a destino. Y cuando digo “sanitas” hablo de que no se distorsionen por el camino, que no queden atrapadas en las demandas del rating, en la necesidad del volantazo. Una de las virtudes de sus producciones es que terminan, en términos de contenido -más allá de darles más o menos potencia a algunas líneas argumentales-, de acuerdo a lo previsto. Después, pueden durar lo que el canal necesite. De hecho, Fanny la fan estuvo en pantalla menos de lo que él hubiera querido.

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100 días para enamorarse, la ficción más vista del año pasado (iba en el prime time de Telefe), tuvo como trampolín narrativo los cien días que acordaron darse Laura (Carla Peterson) y Gastón (Juan Minujín) para ver qué hacían con su matrimonio: alrededor de esa perlita, se enhebraron la envidiable amistad (a lo Thelma & Louise) de Laura y Antonia (Nancy Dupláa), el reencuentro de Antonia y Diego (Luciano Castro), un puñado de pintorescos personajes y la seriedad con la que se tomó el caso de Juani (Maite Lanata), que trató a fondo la temática trans. Fue un programa que dio cátedra, sin necesidad de ponerse solemne.

La mesa más divertida. La de “100 días…” soltó papel picado en cada terna en la que estaba. Celebró mucho: 6 premios en total.

Si con todo eso -más las actuaciones, los guiones y muchos frentes más- no se llevaba la estatuilla de oro de la fiesta anual de la TV argentina hubiéramos estado en problemas. Al menos, en problemas de entendimiento a la hora de hablar de calidad y compromiso con su oficio. Y de honestidad televisiva. Porque las creaciones de Underground -la empresa de Ortega en la que el director de producción y contenidos es Pablo Culell, un apasionado y riguroso hacedor de televisión- no se acurrucan en la cómoda fórmula del “piloto impactante y 10 más”, receta que va perdiendo nivel con el correr de los capítulos.

No es casualidad ni falta de competencia, entonces, que Ortega se haya alzado con tres Martín Fierro de oro consecutivos –El marginal, Un gallo para Esculapio y 100 días para enamorarse– y con cinco en toda su carrera (Lalola y Graduados).

En su momento Pol-ka también logró un triple consecutivo desde el 2010 con Tratame bien, Para vestir santos y El puntero. Pero la televisión de ahora no es la de hace diez años. Cuesta conquistar público fiel que siga una historia a la hora señalada, cuesta producir, cuesta sostener una historia redondita desde la comunión del libro, las actuaciones y la dirección, cuesta todo. Pero si lo que cuesta vale, el oro recibido está bien merecido. Y, si gana el que sabe hacer tele, ganamos los que nos gusta mirarla.

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