El riesgo país y la débil oferta exportadora de la ArgentinaEconomía 

El riesgo país y la débil oferta exportadora de la Argentina

La tasa riesgo país de la Argentina cerró esta semana en 1.013 puntos básicos (pb), el mayor nivel de los últimos 4 años. El mismo día (01-06-2019) el dólar se apreció US$0,30 ($46,13/ $44,90, en el mercado mayorista), sin ofrecer prácticamente cambios.

Significa que en tanto que la Argentina experimentó la mayor tasa riesgo país del mundo emergente (1.013 pb), el resto de los países de América del Sur se movió en su franja tradicional de 200 pb/300 pb (Brasil, 230 pb/Chile, 140 pb/Ecuador, 610 pb). Y esto sucedió mientras que Venezuela, transformada en un “Estado fallido”, sufre un proceso de desintegración acelerada, social, política, y económica.

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El riesgo país venezolano ha desaparecido al adquirir un carácter exponencial, y por ende carente de relevancia.

El precio del dólar es el indicador clave de la economía argentina, que es la más dolarizada del mundo, con activos monetarios y financieros en dólares por US$350.000 millones, y activos monetarios y financieros en pesos moneda nacional, medidos en dólares estadounidenses, por US$90.000 millones. El peso argentino es una moneda puramente transaccional.

El dato crucial de la economía argentina en 2019 es que la estabilidad cambiaria se mantiene desde hace 8 meses: el dólar valía $44,40 en octubre pasado; y asciende ahora a $46,13/ $44,90 mayorista, una diferencia de 8% / 13% en ese período.

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El riesgo país es un índice creado por J.P. Morgan que compara el rendimiento de los bonos de una nación emergente con los títulos del Tesoro norteamericano a 10 años (T/B/10). Esa brecha fija ante el mercado financiero internacional el riesgo de prestarle o invertir en él.

Este indicador vincula la economía global con el mundo emergente a través del canal de los créditos y de las inversiones. Y en él, la Argentina tiene una diferencia de 800 pb respecto a los otros países sudamericanos.

Esto refleja el hecho de que la Argentina es una “hoja al viento” en la economía global, presta a ser golpeada bruscamente con una crisis del sector externo ante cualquier cambio de tendencia o direccionalidad en las inversiones o el comercio.

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Esta es la razón por la que carece de moneda nacional, y por lo tanto, de mercado de capitales. La raíz de la crisis crónica del sector externo que caracteriza la economía nacional es la debilidad de la oferta exportadora, con ventas externas por US$80.000 millones / US$100.000 millones en el mejor de los casos, aunque fueron solo US$61.621 millones en 2018.

Esto ocurre con un PBI de US$ 657.000 millones, y cuando las dos terceras partes de las exportaciones provienen de un solo sector, el agroalimentario, que representa 17% del producto.

De ahí que cualquier vibración que se produzca en la economía norteamericana, por ejemplo una apreciación del dólar de US$0,3 como ocurrió la semana pasada, se reproduce de inmediato en la Argentina, impacto usualmente agravado por la tasa riesgo país.

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El resultado es que la volatilidad es el rasgo propio de la Argentina en el mundo. No es una cuestión genética ni cultural, sino estructural. La cultura cívica argentina está impregnada de esta condición constitutiva: es “maníaco/depresiva” (2 horas de euforia, 14 horas de depresión), dice el historiador Tulio Halperín Donghi.

Este rasgo central de la identidad nacional se ve exacerbado por la instantaneidad característica de la época. Esta instantaneidad transmite la extraordinaria volatilidad financiera internacional que desata el crecimiento de excepción de EE.UU. (PBI, US$21,6 billones), con 5 trimestres consecutivos de expansión de 3% anual cada uno, o más.

Los países emergentes son los más afectados por esta tendencia raigal de la economía norteamericana; y en primer lugar, el más golpeado es la Argentina, el país más dolarizado del mundo.

Esta volatilidad excepcional desatada por los EE.UU. se revela ante todo en su propio mercado doméstico, que es el mayor y de mayor densidad del sistema global. En la 4° semana de diciembre, se retiraron US$21.500 millones de los fondos de bonos y acciones de Wall Street; y de inmediato se sumergieron US$22.600 millones en los “fondos monetarios”, que ofrecen títulos del Tesoro a 10 años (T/B/10), y títulos a 3 meses, virtual efectivo (cash).

Esta extrema volatilidad sucede de la mano de una expansión récord de los mercados bursátiles estadounidenses, que se han virtualmente duplicado desde 2016.

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La Argentina está completamente integrada al sistema financiero internacional regido por el dólar norteamericano, y carece de moneda propia. Por consiguiente, también de mercado de capitales.

La consecuencia es que su inserción en el mundo se caracteriza por un déficit estructural de -6% en la balanza comercial/ cuenta corriente, que se revela como crisis crónica del sector externo, ocasionada por la extrema debilidad de la oferta exportadora.

De ahí que sea una “hoja al viento” en los flujos y corrientes de la economía mundial; y que esto ocurra en el país de América Latina con mayor nivel de ahorro individual — por encima de México, Brasil, y Chile — y que dispone de la población más calificada e innovadora del continente latinoamericano.

Estas son las raíces estructurales de la condición excepcional, “maníaco/depresiva”, de la Argentina en el siglo XXI.

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