“Un tranvía llamado deseo”: un drama escrito con el oídoEspectáculos 

“Un tranvía llamado deseo”: un drama escrito con el oído

Era inevitable que Un tranvía llamado Deseo se convirtiese en una ópera. Todo parece llamar a eso; no sólo la fuerza y la concentración del drama de Tennessee Williams, que transcurre prácticamente en el interior de algo bastante parecido a un conventillo (lindo desafío para un escenógrafo), con tres personajes principales que forman un triángulo muy tenso y con una considerable dosis de suspenso; seguramente pese también su ambientación, que transcurre en una de las cunas musicales de los Estados Unidos, Nueva Orleans. De hecho, la pieza parece haber sido escrita con el oído, no sólo por las numerosas indicaciones de música ambiental que da el autor, siempre muy precisas en cuanto a su duración (dónde empiezan y dónde terminan), sino por los efectos de superposición casi operísticos (como en la tercera escena del tercer acto entre Blanche, Mitch y la vendedora mexicana con sus pregones), para no hablar de las melodías que entona Blanche en sus interminables sesiones en el baño. Y cuando en 1995 el compositor estadounidense de origen alemán André Previn tomó la pieza de Williams para componer su ópera sobre un libreto de Phillip Littell, respetó la división en tres actos del original.

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El estreno operístico tuvo lugar en San Francisco en 1998, con dirección de Previn mismo y con la soprano Renée Fleming en el rol de Blanche DuBois. A Streetcar Named Desire es la primera ópera propiamente dicha de Previn (sus incursiones anteriores en la lírica, Coco y The Good Companions, se inscriben más en el género del musical). Su segunda y última ópera se estrenaría en 2009 en Houston: Brief Encounter, con un libreto de John Caird basado en una pieza de Noël Coward.

Como es sabido, mucho antes de convertirse en una ópera la pieza de Williams fue una de las películas más famosas del cine estadounidense, con dirección de Elia Kazan. En este caso la fama seguramente se debió no sólo a la calidad de la pieza sino también al impacto de un actor: fue el comienzo cinematográfico de Marlon Brando (en 1951), que había debutado como actor de teatro con esa misma pieza de Williams en 1947, también bajo la dirección de Kazan.

El personaje de Stanley Kowalski parece inventado para Brando, con su poderosa sexualidad y esa condición entre proletaria y salvaje que se contrapone con el mundo aristocrático de las hermanas DuBois; aunque Stella DuBois Kowalski ya se ha despojado de toda pretensión y se ha entregado al hechizo sexual de su marido, mientras que Blanche vive en un raro mundo de ocultamientos y fantasías sociales (y, por supuesto, eróticas). Brando no estuvo mal acompañado. En la filmación Kazan mantuvo a la Kim Hunter del estreno teatral en el rol de Stella, mientras que el ambiguo y complejo papel de Blanche le valió a Vivien Leigh el Oscar a la mejor actriz.

La música es sin duda un tema significativo en la pieza de Williams, y Kazan no se equivocó en confiársela a Alex North, que lejos de una evocación pintoresquista de Nueva Orleans escribió un jazz de estilo moderno, algo oscuro, abstracto y al mismo tiempo palpitante. La banda sonora de North fue nominada para el Oscar, como ocurriría con otras trece composiciones suyas para cine, entre ellas una película sobre otra pieza de Williams, La rosa tatuada, además de grandes títulos como ¿Quién le tema a Virginia Woolf? y Bajo el volcán. Alex North tuvo tantas nominaciones que en 1985 la Academia resolvió compensarlo con un Oscar honorífico.

North hizo también la música de una versión para ballet estrenada en el Teatro Her Majesty de Montreal en 1952. Y ese mismo Un tranvía llamado Deseo se estrenaba en el Teatro Casino de Buenos Aires con dirección de Luis Motura y un reparto integrado por Mecha Ortiz, Carlos Cores, Aída Luz y Alberto de Mendoza.

Se ha dicho que en la obra de Williams hay un resto autobiográfico, y que incluso en el personaje frágil y medio desquiciado de Blance DuBois hay un trazo de su hermana Rose, que pasó buena parte de su vida en hospitales psiquiátricos. Y acaso la homosexualidad del propio Williams también se haya filtrado como un fondo que sólo se revela sobre el final de la obra: Blanche carga el drama o la culpa del suicidio de su primer novio, quien en medio de una fiesta se pega un tiro luego de que ella lo descubre con otro hombre y lo hiere con su desprecio.

Williams nació en Colombus, Mississippi, en 1911, y en 1918 se trasladó a St. Louis, Misuri. El paisaje ha provocado asociaciones con la obra y la figura de William Faulkner, y en este punto resulta inevitable la asociación con otra ópera de inspiración sureña que se conoció unos años atrás en el Colón: Requiem para una monja, la obra del argentino Oscar Strasnoy sobre la novela homónima de Faulkner, que subió aquí en carácter de estreno mundial en una formidable producción de Matthew Jocelyn, también autor del libreto. Es notable lo que Stranoy pudo hacer con algunas pocas pinceladas musicales del sur norteamericano. Y seguramente Previn -músico de jazz además de director y autor clásico- no haya permanecido ajeno a ese fondo de sonidos.

CL



Cuatro funciones, un reparto

La ópera de André Previn sobre la obra de Tennessee Williams subirá en el Teatro Colón con un total de cuatro funciones: este martes 7, el martes 14 y el viernes 20 a las 20, y el domingo 12 a las 17, con dirección musical de irlandés David Brophy, puesta en escena de Rita Cosentino, escenografía de Enrique Bordolini, vestuario de Gino Bogani y luces de José Luis Fiorruccio. El reparto está encabezado por la soprano irllandesa Ora Boylan como Blanche, el barítono estadounidense David Adam Moore como Stanley Kowalski y la soprano estadounidense Sarah Jane McMahon como Stella. Completan Eric Fenell como Mitc, Victoria Livengood como Eunice Hubbell y Darío Leoncini como Steve Hubbell (Localidades desde $200). Seguramente el Colón haya pensado en la posibilidad de que el autor asistiese al estreno argentino, pero lamentablemente Previn murió en febrero pasado, a los 88 años.

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