Pérez-Reverte: “Argentina y España son una sucesión de ocasiones perdidas”Sociedad 

Pérez-Reverte: “Argentina y España son una sucesión de ocasiones perdidas”

“¿Qué prefieres? ¿Respuestas largas o más bien cortas?”, pregunta Arturo Pérez-Reverte en uno de esos salones desangelados de un hotel cinco estrellas en Recoleta. El español es un viejo lobo en el mar de la literatura y de la promoción de libros. Sus lectores se cuentan por millones, ya sea en sus historias de aventuras como de espionaje, que comenzó a incursionar con la saga de Lorenzo Falcó. Ahora llegó a la Feria Internacional del Libro para presentar “Sabotaje”, el último libro de la saga. Transcurre en mayo de 1937 en plena Guerra Civil. Falcó tiene una misión nada fácil: impedir que Pablo Picasso llegue a la Exposición Universal de París con su obra “Guernica”, encargada por el Gobierno de la Segunda República Española. El espía conoce poco y nada de arte, odia a los “rojos” y mata sin compasión.

Las novelas de espionaje son algo reciente en tu carrera. ¿Cómo nació el placer placer por ese género?

En mi novela “El tango de la guardia vieja”, que transcurre en Barracas, aparecían espías. A raíz de eso, tuve que trabajar en el tema. Cuando comencé a documentarme, me quedó el gusto por el momento y el tema. Me apetecía hacer algo que tuviese a los espías de fondo. Con esa idea, apareció el personaje de Lorenzo Falcó.

Un tipo al que definiste como “un perfecto hijo de puta”.

Definitivamente lo es. El gran desafío fue hacer que el lector aceptara a un personaje así. Es fácil que acepten a un tío noble y bueno. Pero Falcó tortura y asesina sin ningún miramiento. En general, la gente le da al acto de matar un valor trascendente. Hay gente que lo puede hacer sin ningún pudor, con una naturaleza técnica.

¿Conociste gente así?

Sí, claro, en mis años de reportero. Me apetecía contar un personaje con esas características. Para hacerlo tragable, necesitaba que sea simpático. Las mujeres quieren llevárselo a la cama y los hombres quieren tomar una copa con él.

Buscás en mercados de antigüedades los objetos que usan tus personajes. ¿Es algo meramente lúdico o te ayuda a la hora de crearlos?

Hay una parte lúdica en la búsqueda de catálogos antiguos e incluso muchos lectores me escriben para contarme las cosas que encontraron. Sin abusar de ello, siento que ayudan a conformar al personaje. A lo mejor tú no sabes que el reloj Patek Philippe era de lujo, pero intuyes que eso significa algo. Con los pequeños detalles vas formando un ambiente.

Escribiste la historia del podcast de ficción “Bienvenido a la vida peligrosa”. ¿Qué te interesa de ese formato nuevo?

No conocía los podcasts. Mi mundo es el de la literatura, pero me encargaron ese trabajo y Guillermo Arriaga hizo el desarrollo del guión. No fue mi idea experimentar ni abrir un nuevo camino, pero me resultó muy interesante el resultado final y lo pasé muy bien.

Pérez-Reverte durante la presentación de “Una historia de España” en Madrid (Fuente: EFE).

Cuando sacaste el libro “Una historia de España”, dijiste que el español es una persona muy peligrosa y que el país tenía una tendencia suicida. ¿Lo seguís pensando? ¿El cambio de gobierno en tu país no te genera ninguna ilusión?

Tampoco soy muy optimista respecto de tu país. Argentina y España son una sucesión de ocasiones perdidas. Siempre que están a punto de conseguir algo, se preocupan por demolerlo. Nunca consiguen dar el paso que los sitúa en el lugar bueno. Eso es muy español y muy argentino. Creo que en lugar de los respectivos escudos en sus banderas, deberían tener la piedra del mito de Sísifo. En cuanto a las elecciones, no hablo de política en estos tiempos de votación.

¿Documentar sigue siendo una tarea más gozosa que la escritura?

La escritura no me gusta. Yo detesto escribir porque me da una pereza tremenda. Me gusta imaginar, preparar, documentar e ir a los sitios. Me gusta el trabajo que exige hacer la novela, pero el acto de escribir me desagrada profundamente.

Te disgusta hacerlo, pero sos bastante prolífico…

Bueno, es mi trabajo. Cuando hay gente que compra mis libros, me están otorgando una gran libertad. No tengo que trabajar en un periódico ni en un ministerio para poder vivir. Mi única esclavitud es escribir porque vivo de esto.

¿Extrañás algo de tu época de reportero de guerra? ¿O te parece un trabajo de otra vida?

Extraño mi juventud. Caminar muchos kilómetros bajo el sol en África y no morir de calor. Estar en una cárcel de Sudán tres días -de hecho lo hice- y salir vivo de ahí. Ya no tengo edad para hacerlo. También extraño estar en un bar de Beirut y cagarme a botellazos con algún hijo de puta. Ahora no podría. O, si lo hago, el tipo probablemente me ganaría.

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