“Rigoletto”: Una realización austera y trágicaEspectáculos 

“Rigoletto”: Una realización austera y trágica

Rigoletto abrió la temporada de ópera 2019 y volvió al escenario del Teatro Colón después de 17 años.

En la puesta de Jorge Takla, la obra maestra de Verdi adoptó un enfoque clásico, con algunos componentes atemporales, y una gran economía de recursos. Es probable que la austeridad juegue a favor de la condensación del drama verdiano. Pero donde hay una ganancia, a veces también hay pérdidas.

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En el festejo orgiástico del primer cuadro, apenas enfatizado con un cambio de intensidad de luz y con la misma ambientación sombría que se proyecta en los otros dos actos, se suprimió la orquesta de cuerdas que interpreta música incidental en el escenario. La elaborada escena de la fiesta perdió la riqueza de los diferentes planos sonoros que la escritura verdiana consigue gracias al entramado genial entre las dos orquestas -del escenario y del foso- y la famosa ballata del Duque, Questa o quella.

La ausencia de brillo fastuoso sí favoreció una continuidad convincente con la introducción lúgubre, donde comienza la acción. Apenas suena el Preludio, la hija de Monterone es vejada y obligada a ingresar desnuda en una jaula, que luego es elevada hacia el techo del gran salón en penumbras.

Los elementos sobre los que gira la primera escena en el palacio Ducal, sin mobiliario y con escasos personajes, son los fragmentos rotos de una columna y una escultura masculina clásicas, una clara alusión a la destrucción y decadencia en la corte de Mantua. El fragmento escultural del enorme rostro trágico proyecta la maledizione, a la que Verdi le confirió un rol generativo en la obra. Mientras que el exquisito vestuario de Jesús Ruiz colabora con la plasticidad de cada cuadro, la iluminación de José Fiorruccio y la escenografía eficaz de Nicolás Boni ayudan a enfatizar los aspectos trágicos de la maldición.

Sin embargo, en la escena del encuentro entre Rigoletto (Fabián Veloz) y Sparafucile (George Andguladze ) del primer acto, la excesiva economía de recursos debilitó la intensidad dramática. Un telón pintado de negro y dos antorchas, y una iluminación inadecuada, no crearon el clima lóbrego que sí consigue Verdi desde lo instrumental. Tampoco colaboró la voz de George Andguladze, que no se proyectó con la densidad necesaria ni con la fuerza aterradora en el papel del asesino a sueldo. Pero su rol se afianzó en el tercer acto.

Dentro de un reparto sólido, Fabian Veloz fue la gran figura de la noche en el papel de Rigoletto. De una gran presencia escénica y una impecable línea vocal, el barítono acompañó con la emisión de su voz cada una de las exigencias del demandante arco psicológico de su personaje. Ekaterina Siurina compuso una Gilda musical y dramáticamente convincente y exhibió una coloratura sutil en Caro nome. El clímax de su interpretación lo alcanzó al final del Acto II.

Rigoletto. La ópera de Verdi tuvo un elenco sólido. Foto: Máximo Parpagnoli/Teatro Colón

Con una técnica firme (aunque con tendencia a forzar los finales de frase) y un agradable color de voz, al Duque de Pavel Valuzhin no le faltó agilidad en Questa o quella, tampoco gracia en la celebérrima La donna è mobile, ni en la Bella figlia dell’amore. Pero no convence del todo como el inquebrantablemente cínico duque de Mantua.

El famoso cuarteto del tercer acto sonó magnífico, a pesar de que los detalles psicológicos de la escena perdieron verosimilitud con una distribución espacial inadecuada.

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Guadalupe Barrientos sobresalió con su cautivante timbre y encarnó una sensual y vívida Maddalena. Ricardo Seguel se destacó en su rol de Monterone y fueron igualmente eficaces Christian Peregrino (Marullo), Gabriel Centeno (Borsa), Alejandra Malvino (Giovanna), Sergio Wamba, Mariana Rewerski, Sebastián Sorarrain y Ana Sampedro.

La régie de “Rigoletto” corrió por cuenta del brasileño Jorge Takla. Foto: Arnaldo Colombaroli/ Teatro Colón

A la magia que proporcionó la orquesta bajo la dirección de Maurizio Benini -su control de todos los planos sonoros y el equilibrio entre música y voces fue notable-, se sumó el impecable desempeño del coro masculino y su director Miguel Martínez.

Ultima fila

De manera un tanto inexplicable, el Teatro Colón viene asignando las últimas dos filas de la sala al periodismo musical. Fue así en el primer concierto de abono de la Filarmónica (anteúltima fila), y de nuevo este martes en la primera función de Rigoletto (última fila). No es por cierto el mejor lugar para oír una orquesta y mucho menos para apreciar -y juzgar- todos los detalles de una producción operística. 



Ficha

Rigoletto

Calificación: Muy buena​

Autor Giuseppe Verdi Dirección musical Maurizio Benini Régie Jorge Takla Reparto Pavel Valuzhin, Fabián Veloz, Ekaterina Siurina, Ricardo Seguel, George Andguladze, Guadalupe Barrientos y otros Sala Teatro Colón, martes 12, Gran Abono. Repite días 13, 15, 16, 17 19, 20 y 22. 

WD

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