Pablo Migliore: “No sé si soy un personaje, pero siempre hice lo que quise para ser feliz”Deportes 

Pablo Migliore: “No sé si soy un personaje, pero siempre hice lo que quise para ser feliz”

Se escucha cumbia en la Sociedad de Fomento Don Bosco, en el corazón de Ramos Mejía. Mientras en el segundo piso hay clases de danza, Pablo Migliore, ex arquero de Boca, Racing, San Lorenzo, Huracán y otros clubes, se entrena en la cancha de fútbol a pleno sol. El Loco es el presidente de la institución, pero nadie lo saluda con pleitesía. Acá no es ni el futbolista famoso ni el dirigente importante. Es Pablo, para todos.

Junto a él está su entrenador Facundo Simal, quien hace cinco meses que lo prepara para su primera pelea profesional. Es que Migliore, uno de esos jugadores cuya marca quedó en el recuerdo de los hinchas por capítulos tanto deportivos como extrafutbolísticos, debutará en el boxeo el sábado 9 de marzo

Pablo Migliore, en la Sociedad de Fomento Don Bosco, que preside.
Foto: Fernando de la Orden

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Migliore termina su entrenamiento y se dispone a charlar con Clarín. Tiene el torso desnudo y en su pecho pueden leerse los nombres de sus tres hijos: Tomás, Santino y Vito. En su omóplato derecho, Martín Palermo festeja un gol de espaldas, con la camiseta de Boca. “Me lo tatueé por idolatría”, confiesa Pablo, un bostero de ley, que como pocos es capaz de separar su propia carrera futbolística con su amor por ese deporte. Pero hoy el fútbol no es lo que está en su cabeza. Hace casi medio año que sólo piensa en boxeo.

“Estoy alejado de las canchas por decisión propia. Necesitaba algo que dependiera exclusivamente de mí y creo que en el fondo, muy en secreto, siempre quise pelear. Estoy contento y ansioso porque falta poquito para que comience esta aventura. Tengo un equipo que me apoya, con un entrenador, un promotor y nutricionistas, y además están mi familia y mis amigos. Toda esa gente invierte tiempo en mí y yo a eso le doy mucho valor. Hoy me siento más seguro y acompañado que cuando era jugador de fútbol“, se sincera Pablo, alternando miradas entre su interlocutor y la pared. Como si buscara las palabras correctas para expresarse.

Pablo Migliore tiene los nombres de sus hijos tatuados en su cuerpo.
Foto: Fernando de la Orden

“No sé si soy un personaje, pero sí digo que siempre hice lo que quise para ser feliz”, se escucha de repente en Don Bosco. Años atrás, Migliore se definió como “el personaje de una película de acción“. Su carrera lo avala: disruptivo, polémico, picante y salvador, ya que integró los planteles de Racing y San Lorenzo que zafaron del descenso bajo la conducción de Ricardo Caruso Lombardi.

Dio pasos increíbles, como su salto de la titularidad en Peñarol de Montevideo a Almirante Brown en la B Metropolitana. Tiene más de una historia de trompadas dentro del vestuario y es dueño de una locuacidad que siempre lo hizo simpático frente a los micrófonos.

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Es la persecución de la felicidad lo que lo hará subir al ring. “Hoy es el momento y lo tengo que aprovechar. Es mi oportunidad -confiesa-. Mi viejo me decía de chico: “El tren para algunos pasa una vez, para otros dos y para otros nunca”. Bueno, a mí me pasó ahora y me subí”.

Cuando se conoció que boxearía, Migliore aseguró que su deporte siempre sería el fútbol. Hoy algo cambió. “Sinceramente, prefiero respetar al Pablo que miro al espejo y no al que sale en el diario. Tenía opciones para seguir jugando, pero a mí no me cambia la vida hacer un mango más. Lo que sí me cambia la vida es haber encontrado algo que me apasiona tanto como el fútbol y poder hacerlo profesionalmente”, sostiene.

Pablo Migliore, con los guantes de boxeador.
Foto: Fernando de la Orden

Valorar es un verbo que lo define. Lo repite constantemente. Y tiene sus causas. Hace seis años y cuatro días, el 31 de marzo de 2013, lo detuvo la Policía Federal acusado de encubrir a Maximiliano Mazzaro, el barrabrava de Boca que fue acusado y luego absuelto en la causa por el homicidio de Ernesto Cirino. Migliore pasó 45 días preso en el penal de Ezeiza y fue liberado tras pagar una fianza.

En mi tiempo en el penal, aprendí a valorar todo. Ahí adentro valoraba un pedazo de cable, un tenedor, poder cortar con un cuchillo de verdad, poder tener las teclas para prender la luz en vez de tener que empostrar los cables”, cuenta.

Y sigue con el monólogo del recuerdo: “Usaba un tacho de 20 litros como horno: metía agua, un bulón con un cable, la comida adentro con un ladrillo arriba y cocinaba a baño María. Aprendí a amar lo básico. Lógicamente, sobre todo a la libertad. Hoy disfruto de estar en mi casa tranquilo con mi familia”. 

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Migliore se acuerda de su tiempo en Ezeiza con calma. Si bien alguna vez dijo que ese encarcelamiento le arruinó la vida, hoy habla del tema con paz. “Después de salir, empecé a ser feliz en el fútbol cuando mi familia iba a la cancha a verme -explica-. De más joven sentía incertidumbre antes de un partido. Pensaba: “Hoy jugamos contra Racing. ¡Qué lindo partido!“. Pero desde que estuve en la cárcel, me daba igual contra quién jugábamos. Lo único que quería era salir a la cancha, mirar a la platea y ver a mi familia ahí. Eso me daba alegría”. Y cuenta que fue en el penal donde empezó a entrenar boxeo a diario. “Necesitaba una rutina”, confiesa.

Haber sido futbolista profesional no le permitió a Migliore entrenarse debidamente para boxear sino hasta hace poco. Es este hecho, lógico desde el llano, el que le complicó su chance de debutar. Sucede que la Federación Argentina de Boxeo le negó la licencia para luchar profesionalmente. “Le falta experiencia amateur”, argumentaron desde la FAB.

El entrenamiento de Pablo Migliore para su pelea del sábado.
Foto: Fernando de la Orden

“Yo no podía boxear cuando jugaba al fútbol. ¿Cómo voy a hacer una carrera paralela mientras jugaba en Boca o en Racing? Pero que se entienda: yo no quiero tener la licencia FAB sólo por tenerla. Lo que quiero es poder pelear contra los boxeadores de la FAB”, se queja.

Y encontró la forma de consumar su debut: la World Pugilism Comission (WPC) le permitirá pelear profesionalmente. En el equipo de Migliore esperan que tras esta pelea la FAB, recapacite y otorgue su venia.

Como casi todo en esta historia, el debut también será especial para Migliore. Enfrentará a Diego “El Macho” Merlo nada menos que en el gimnasio de su Don Bosco. “Para mí este club es ante todo mi casa. Yo viví acá y lo manejo como uno maneja su casa: lo quiero ver lindo, bien e invierto la mayor cantidad de tiempo que me queda a estar acá, colaborando en todo lo que puedo. Por eso no me hubiese permitido no debutar acá”, dice orgulloso.

La espalda de Pablo Migliore, con un tatuaje de Martín Palermo con la “9” de Boca.
Foto: Fernando de la Orden

Migliore cumplió 37 años en enero pasado y por eso resulta difícil pensar cuánto le aguantará el físico en esta nueva aventura. “Mi entrenador me dice que si gano todas las peleas desde mi debut hasta mi despedida, voy a ser campeón mundial, ja. Estoy en un tren del que no sé cuándo me voy a bajar ni dónde me va a llevar, pero yo ya estoy arriba“, afirma el ex arquero.

¿Existe una chance de que Pablo Migliore regrese al fútbol? La verdad es que sí. “Uno hace lo que sea por los hijos. Si mañana uno de mis chicos me dice que me quiere volver a ver adentro de una cancha, atiendo alguna de las llamadas que tengo y vuelvo a jugar”, responde.

Es que volvería a jugar por la misma razón por la que ahora comenzará su carrera boxística. Porque Pablo Migliore siempre hizo lo que quiso. Porque hace lo que lo hace feliz.

Pablo Migliore, todo un boxeador.
Foto: Fernando de la Orden

Un cambio de vida

Desde ya, el salto al boxeo no le fue fácil a Pablo Migliore. Más allá de entrenarse esporádicamente, recién conoció lo que realmente demandaba ser boxeador profesional cuando se desvinculó de su último club, Barracas Central.

Todos los días se levanta a las 5 para correr antes de desayunar. Se entrena durante tres horas, dos veces al día. Tiene una dieta estricta. Y todo ello sin incluir que además tiene una vida personal.

El boxeo es un deporte para inteligentes. Tenés que ser frío, estudiar, mirar al rival. No es cuestión de subirse y tirar piñas. Es un deporte mucho más explosivo que el fútbol, anaeróbico y muy psicológico”, describe con pasión.

Y enumera todas las dificultades que debió superar para continuar el entrenamiento hasta llegar a subirse a un ring: “Al principio me costaba guantear, tener el cabezal puesto y aguantar un bucal en la boca porque no podía respirar. Las vendas me apretaban y los guantes se me caían. También me costó aprender a pegar y traer los brazos para volver a estar en guardia. Y lo que más me costó y me sigue costando es manejar la ansiedad, mantener la calma arriba del ring. Pero estoy aprendiendo constantemente”.

Al gimnasio de la Sociedad de Fomento Don Bosco, donde peleará Pablo Migliore.
Foto: Fernando de la Orden

No todo es sufrimiento. Su camino al debut, que será en Arriola 1833, La Matanza, el sábado 9 de marzo desde las 19, también le deja lindas sensaciones.

“Esto me encanta porque depende de mí. En el fútbol tuve compañeros que se daban el lujo de no entrenarse como debían y después los otros diez lo salvábamos. Acá no. Acá sos vos el que te subís al ring. Acá no te salva nadie”, puntualiza.

Sueña. Porque, después de todo, de eso se trata su nueva aventura. “Me imagino peleando con el Chino Maidana. Esas son las cosas que a uno lo mueven a seguir. Esto es como cuando en el fútbol debutás en el club del que sos hincha: me fascina la sola idea de pelear con Maidana, de igual manera que me emocionó que Maravilla Martínez me viera y me dijera: “Pablo, te veo bien, seguí así“”.

HS

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