A 30 años de la caída del Muro de Berlín: el partido que volvió a dividir la ciudadDeportes 

A 30 años de la caída del Muro de Berlín: el partido que volvió a dividir la ciudad

El pasado 2 de noviembre sucedió un hecho histórico en el fútbol alemán. Por primera vez, FC Unión Berlín y Hertha BSC se enfrentaron en la Bundesliga. La novedad no radica en el choque entre los dos conjuntos de la capital alemana, porque ya se disputaron otros derbys en Berlín. Sin embargo, todos ellos fueron entre clubes del occidente de la ciudad. Lo inédito es que Unión es el primer equipo de la Berlín Oriental, otrora rodeada por el “Muro de la Vergüenza”, en alcanzar la máxima categoría. Un clásico sin muchos antecedentes, aunque cargado de historia.

El encuentro se desarrolló en el marco de la fecha 10 de la Bundesliga, en el Alte Forsterei, el humilde estadio de Unión, con capacidad para 22.000 espectadores. En la previa, los hinchas del local (famosos por haber donado sangre para recolectar dinero y eludir la bancarrota en 2004) se encargaron de poner todos los condimentos necesarios para que el partido se viviera como una fiesta. 

Figuras griegas: Medusa (con los colores de Hertha), siendo asesinada por Perseo (con los colores de Unión). (Foto: Twitter)

“Tras llegar al Olimpo del Fútbol, luego de una odisea casi interminable, ahora libras tu mayor batalla”, se leyó en la bandera que cubrió por completo una de las gradas laterales. La referencia era clara: 53 años tardó Unión en debutar en Primera División. Además, hubo un mensaje para su oponente: “De ahora en adelante, tu rival sabrá esto: primero el pecado, ahora la muerte”.

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De principio a fin, ambas parcialidades entablaron una “guerra” de bengalas. El humo se apoderó del la escena, que parecía un auténtico campo de batalla. El árbitro Deniz Aytekin tuvo que demorar el arranque del partido, que incluso fue suspendido momentáneamente al comienzo del segundo tiempo, porque algunos proyectiles aterrizaban en el campo de juego.

El gol agónico, que le dio la victoria por 1-0 al local, llegó al minuto 89. Un número significativo: justamente el 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín. Ese día, los militares situados en la frontera recibieron la orden de no disparar y cientos de familias, amigos y parejas corrieron hacia el reencuentro. Treinta años después de aquel hito, la capital alemana volvió a partirse

Tras la victoria, varios hinchas radicales de Unión ingresaron a la cancha y trataron de alcanzar el sector visitante, pero fueron detenidos por los propios futbolistas. Mientras tanto, en una de las tribunas, se desplegaba una bandera que decía: “Cuando tenés una crisis propia de identidad, buscás un enemigo al que odiar”.

La leyenda estaba en lo cierto: no siempre reinó la enemistad entre estos equipos. Incluso festejaron con un amistoso la caída de “La Cortina de Hierro”, que los había mantenido separados durante 28 años. En esos tiempos, a cada club le tocó afrontar dos realidades completamente diferentes.

Tras la construcción del Muro, el 13 de agosto de 1961, Hertha quedó ubicado en la parte occidental de la capital alemana. Dos años más tarde, se adueñó del Estadio Olímpico de Berlín, un majestuoso recinto que fue construido por el Régimen Nazi para promover la supremacía aria durante los Juegos Olímpicos de 1936.

El arquero de Unión, Rafal Gikiewicz, enfrentando a los hinchas que ingresaron a la cancha. (Foto: Twitter).

La Bundesliga, instaurada en 1963, congregó a muchos clubes que, gracias a los beneficios del sistema capitalista, lograron posicionarse en el plano internacional. Un ejemplo claro es el Bayern Munich, que obtuvo tres Champions League consecutivas, entre 1974 y 1976.

Del otro lado del muro, la situación era opuesta. La Oberliga, que reunía a los equipos de la Alemania Oriental, estaba supervisada por el régimen comunista. El control era exhaustivo y las restricciones exageradas. Durante la primera década, los clubes no podían participar de las competencias europeas, porque el gobierno prohibía visitar países capitalistas.

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En el Este, las instituciones solían ser administradas y financiadas por el Estado, el Ejército o la policía. En ese contexto, Unión Berlín surgió como la excepción a la regla. En 1966, fue fundado por obreros y metalúrgicos (de ahí el lema del club: “¡De hierro, Union!”).

Desde un principio, la institución fue hogar y punto de encuentro de disidentes, perseguidos y enemigos políticos del totalitarismo imperante.“Todos los partidarios del Unión no son enemigos del Estado; sin embargo, todos los enemigos del Estado son partidarios del Unión”, era su lema.

Los jugadores del Hertha se dieron una vuelta por los restos del Muro a 30 años de su caída. (Foto: Archivo Clarín).

En aquellos años, fue que Unión y Hertha comenzaron a forjar su vínculo de “amistad”, unidos frente a un enemigo en común: FC Dynamo, conocido como el equipo de la Stasi (el órgano de inteligencia secreta de la República Democrática Alemana).

Árbitros persuadidos, resultados manipulados y otras irregularidades derivaron en la hegemonía del Dynamo, que se consagró campeón durante diez años consecutivos (1977-1988) en la Oberliga. En ese período, fue el club más odiado del país y su promedio de asistencia fue uno de los más bajos, con 5.000 hinchas por partido.

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Luego de la caída del Muro, en 1989, los equipos de la RDA quedaron peor parados que sus “vecinos” del Oeste. Ya sin el apoyo del Estado, les fue imposible adaptarse al desconocido sistema capitalista y comenzaron a naufragar en el ascenso, mientras que otros no pudieron evitar su desaparición.

Dynamo Dresden y Hansa Rostock fueron los únicos dos clubes del Este que pudieron cumplir las exigencias y se sumaron a la Bundesliga, que aumentó de 18 a 20 miembros. La bienvenida no fue cálida. En cada partido, las hinchadas rivales les cantaban: “Vuelvan detrás del Muro”.

“Juega Hertha y Unión. Toda Alemania celebra”, pancarta durante el partido amistoso entre ambos equipos, casi tres meses después de la caída del Muro de Berlín. (Foto: DPA/Thomas Wattenberg)

Entre tanto rechazo y desprecio, la relación entre Hertha y Unión prevaleció. El 27 de enero de 1990, organizaron un partido amistoso para celebrar la reciente caída del Muro de Berlín. “Nos mantenemos unidos como el viento y el mar”, entonaron 52.000 fanáticos de ambos equipos.

No obstante, el paso de los años fue desgastando la relación. Los hinchas de Hertha y de Unión comenzaron distanciarse y la “hermandad” se desvaneció, aunque -salvo los sectores más radicales- nunca llegaron al extremo de menospreciarse y detestarse, como puede suceder en otros clásicos como River-Boca o Real Madrid -Barcelona.

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Tras el amistoso de 1990, Unión deambuló por las divisiones inferiores, mientras que Hertha se afianzó en Primera. Dos décadas después, tuvieron su primer enfrentamiento oficial, en la temporada 2010/11 de la segunda categoría.

Antes del pasado 2 de noviembre, solo se habían enfrentado cuatro veces, con dos empates y una victoria para cada uno. El encargado de romper la paridad fue Unión, que se impuso por 1-0 en el primer cruce en la Bundesliga. El segundo capitulo será el próximo 21 de marzo, 30 kilómetros al oeste, en el Estadio Olímpico. Junto a más de 70.000 fanáticos presentes, Hertha tendrá la oportunidad de volver a igualar el registro de uno de los clásicos más pasionales del mundo.

Sólo 30 kilómetros separan los estadios de Hertha y Unión.

Dos selecciones, un partido único y el goleador que terminó refugiado

Durante la Guerra Fría, la rivalidad entre Alemania Oriental y Alemana Occidental abarcó todos los ámbitos posibles. Fue política, ideológica, armamentística, tecnológica y también deportiva. En el fútbol, el único choque oficial ocurrió el 22 de junio de 1974. ¿El certamen? Nada más y nada menos que la Copa del Mundo 1974, que casualmente fue organizada por la República Federal Alemana.

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Para la tercera fecha del Grupo A, la Alemania capitalista llegaba como favorita. No solo era sede del Mundial, sino que también el plantel acompañaba las ilusiones: entre las figuras de renombre, se destacaban Franz Beckenbauer y Gerd Müller. Por su parte, la Alemania comunista no tenía grandes estrellas, aunque en los Juegos Olímpicos de Munich 1972 había obtenido la medalla de bronce.

La tensión del partido se llevó al campo de juego. Las ocasiones de gol y las jugadas colectivas brillaban por su ausencia, lo que se traducía en un invariable 0-0. Sin embargo, a los 22 minutos del segundo tiempo, Jürgen Sparwasser remató dentro del área chica y permitió que Alemania Oriental ganara por 1-0, contra todo pronóstico. Alemania Occidental perdió la batalla, pero ganó la guerra: en la final del Mundial se impuso por 2-1 ante Holanda.

Sparwasser, a punto de convertir ese gol que quedará para siempre en la historia del fútbol alemán. (Foto: Archivo Clarín)

Catorce años después, en 1988, Sparwasser aprovechó un partido de veteranos entre ambas Alemanias y se escapó a Occidente. Permaneció como refugiado sólo un año, porque el 9 de noviembre de 1989 cayó el irracional Muro de Berlín.

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JCh.

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